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RECTIFIQUEMOS

lunes, junio 25, 2007

Juego ideológico

Agosto 2, 2005

Si diéramos un vistazo a la experiencia política, veríamos que generalmente las tendencias ideológicas evolucionan desde grupos con ideas y propuestas diferentes hasta adversarios irreconciliables y responsables de las agonías que llegan ha constituir las elecciones -cuando estas pueden seguir efectuándose-, con una serie de enfrentamientos y juegos sucios con los que pretenden hacer permanente sus estadías en los gobiernos y la implantación de sus soluciones mediatizadas. La democracia se mantiene como tal siempre y cuando, ninguna tendencia tenga la fuerza suficiente para neutralizar y hacer desaparecer a la otra, que es el objetivo confeso de ambas, el germen de la no-democracia se encuentra latente en la democracia misma.

Esas tendencias políticas tienden a compactarse en si mismas buscando la fortaleza, e irremediablemente van alejando a las grandes mayorías de la actividad política, con sus agresivos y muchas veces no éticos métodos de lucha, se van constituyendo en los menos e imponiendo gobiernos de minorías que subordinan a las mayorías silentes y no participantes.

Como las promesas falsas, mentiras y la manipulación de la verdad es una realidad en el accionar de los políticos, la moral y la ética van desapareciendo de sus pensamientos y programas, y esto permite que una debilidad humana se convierta en una poderosa fuerza en el que hacer político: la corrupción. La corrupción es la fuerza que tiende a igualar las tendencias contrarias, en oposición a su normal desarrollo hacia el antagonismo y sectarismo que las deben separar. En los casos en que la corrupción llega a igualar a las tendencias contrarias, van desapareciendo las opciones y las esperanzas en los sectores menos favorecidos y la tragedia asoma su rostro inevitablemente.

Cuando los partidos tradicionales de Colombia llegaron a asemejarse tanto que firmaron un pacto de alternancia en el gobierno, le abrieron las puertas a la guerra que hoy destroza a nuestros hermanos colombianos, cuando los partidos políticos de Venezuela llegaron a representar los mismos estilos de gobiernos, en los que solamente cambiaban los rostros y nombres, el pueblo frustrado se tiró en los brazos de Chávez, etc.

De esta experiencia podemos concluir que tendremos resultados agresivos, angustiosos y tendentes a imponer gobiernos que privilegian a sectores minoritarios de la sociedad, perjudicando con esos privilegios los intereses de la sociedad en general, en el supuesto de que las tendencias se desarrollen de forma normal a sus naturales esencias. Al final de este juego la democracia terminará debilitada y disminuida y las mayorías se autoexcluirán de los procesos políticos, dejando las manos libres a la facción de esas minorías ideológicas que logre controlar el gobierno

Cuando la dinámica de los grupos ideológicos es rota por la corrupción, se crearan las condiciones para la implantación de un gobierno de corte tiránico de cualquiera de los signos ideológicos. De todas formas se genera violencia e injusticia.

Pero la democracia tiene que aceptar el libre juego de las ideas por definición propia y esta ha sido la forma que, hasta ahora, hemos ejercido la libertad que nos brinda este sistema, sistema que debe ser conservado por ser el único sistema que nos permite revisarlo y modificarlo de forma racional. Deberíamos comenzar a pensar en una formula intermedia que nos permita modificar los resultados finales nocivos, implícitos o característicos de este método de practicar la democracia, sin afectarla. Ha llegado el momento de que la sociedad tomé el control de los congresos directamente, para poder controlar los grupos que integran el juego ideológico, es necesario ir creando conciencia para elegir nuestros representantes de forma independiente cuyas lealtades estén depositadas en las comunidades, en la sociedad y no en la obediencia disciplinada a los partidos políticos. Es la única forma de tener representantes, de controlar la corrupción, los privilegios y la destrucción de la democracia misma.

Es la hora ya de controlar a los políticos en los gobiernos.

Víctor Ml. Caamaño

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