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domingo, diciembre 03, 2006

Tercermundismo y Miami

Publicado por:
el Nuevo Herald Titulado
"Agendas tercermundistas"
Diario Las Americas
Diciembre 11, 2006

El tercermundismo de Miami resultó más interesante de lo que Tom Tancredo pudo imaginarse al evacuar la frase. Las reacciones se han polarizado entre los muy ofendidos, que resultan ser los políticos y los menos políticos que llegamos a disfrutar nuestras particularidades culturales, como nos lo expresa la amiga Martha Pardiño en su trabajo “Porque amo a Miami”.

El llegar a definir donde se originan las mañas del mal que llamamos tercermundismo, pudiera ayudar a las naciones que los padecen y también a las supuestamente sanas para evitar su contagio.

He comprendido que la práctica propia al tercermundismo está definida por las “agendas impropias” perseguidas secretamente mientras se anuncian las legítimas. La esencia radica en la manipulación de los pueblos para establecer las conveniencias de los menos y no la de los más, y en eso las ideologías hoy tienen casi toda la responsabilidad.

El lema político de Trujillo fue: “Rectitud – Libertad – Trabajo – Moralidad, pero su agenda no fue esa, fue la propia a él y los suyos. La revolución de Fidel Castro prometió el paraíso para los cubanos, la libertad, todo el poder para el pueblo, etc., esa era la agenda propia de los cubanos, pero terminó imponiendo la propia para él y los suyos también.

En lo comercial también encontramos ese fenómeno; cuando una empresa cuya agenda propia es su crecimiento y fortalecimiento financiero, se le usa para satisfacer la agenda impropia de la corte corporativa, esa o permanece en el subdesarrollo o simplemente quiebra, como el caso de Enron y muchas más.

En conclusión las agendas impropias son las bases del tercermundismo, de la pobreza y son la justificación de la corrupción.

Cuando comisionados electos llegan a usar nuestros fondos para legalmente impedir que nosotros mismos seamos consultados, debemos concluir que estamos caminando hacia el tercermundismo.

Cuando fondos millonarios para viviendas de beneficencia son dilapidados y no hay nadie preso todavía, es otra señal clarísima.

Cuando se aceptan las agendas corporativas, impropias para los ciudadanos y sus intereses, estamos siendo tercermundistas.

Cuando se otorgan contratos y licencias, más para favorecer a allegados que para representar los intereses sagrados de la comunidad, estamos siendo tercermundistas.

Cuando se manipulan elecciones para imponer el gobierno deseado por muchas “agendas impropias” significa que el tercermundismo está contagiando al país más poderoso, y si lo logra habremos retrocedido muchos siglos como humanidad.

Si aceptamos nuestro tercermundismo podemos corregirlo, si lo negamos y rechazamos lo estamos institucionalizando. El tercermundismo representa la manipulación y la mentira, ¿Quiénes son los tercermundistas?

domingo, noviembre 26, 2006

Algo huele mal en el NH

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Desde el principio han transpirados diferentes tufillos desde el Nuevo Herald, algunas veces de implicaciones sexuales, de injustos manejo en los recursos humanos y otras veces olores políticos no transparentes. Han sido removidos altos directivos y medianos ejecutivos con resultados nulos y lo de Varela debería ser el último incidente que motive un proceso profesional de reingeniería en el periódico ya que a todas luces nació viciado y debe ser refundado.

El periódico no está satisfaciendo en la comunidad ni a los unos ni a los otros y ese mal desempeño debe producir una reorganización que lo acerque más a una muy compleja comunidad multiétnica, pero lograr esa objetividad es imposible sin escuchar y sin rectificar en sus estructuras de humanos, ¿Quién está al servicio de quien?

El objetivo de un medio de comunicación no es poseer la verdad, el objetivo es permitir que en su espacio sea buscada la Verdad; no es tener razón, es servirle a la Razón fomentando el dialogo; no es anunciar que defiende la libertad, es ser el medio para que la Libertad sea ejercida y como forma de evitar que los puntos de vistas diferentes sean indelicadamente descartados mediante criterios inexplicados, creemos que ya es hora de que el Nuevo Herald tenga su voz editorial oficial y que no sea la sumatoria de la de sus columnistas y colaboradores.

Respeto las actitudes de condena al periódico por parte de muchos ciudadanos, muchas veces merecidas, pero personalmente me niego a abandonar un medio tan importante para la divulgación y confrontación de las opiniones de la comunidad.

No debemos entregarlo, no podemos darnos por vencidos, debe ser un periódico de y para la comunidad completa.