El camino no es hacia la derecha o la izquierda, es hacia adelante por un planeta compartido, no repartido.


RECTIFIQUEMOS

Independencia de la República Domionicana

Independencia de la República Dominicana.

Víctor Ml. Caamaño

La República Dominicana declara su Independencia de la dominación haitiana el 27 de Febrero de 1844 y se constituye como un estado independiente.

La parte española de la isla fue invadida por la naciente República de Haití por razones de tipo económicas, sociales y políticas siendo la de mayor importancia la preservación de su propia independencia frente a un vecino que mantenía el sistema esclavista y que por sus propios intereses era un potencial enemigo de la recién creada república negra, en la que había sido abolida la esclavitud.

La invasión se produce casi sin ninguna oposición militar dada la diferencia numérica de ambos lados. La parte este o española tenía una población inferior al pueblo haitiano de esa época, además de la desorganización y miseria producto de la Guerra de la Reconquista en la parte española. Por otra parte, España estaba en franca decadencia y enfrentando los movimientos independentistas en el territorio continental y había perdido el interés por esta posesión cuyas minas de oro ya estaban agotadas.

Frank Moya Pons en su Manual de Historia Dominicana nos dice: “A las siete de la mañana del día 9 (Febrero) los miembros del ayuntamiento esperaban en la Puerta del Conde al Presidente Boyer (haitiano) para acompañarlo a la Sala Municipal donde se le rindieron honores como Presidente y “el ciudadano José Núñez de Cáceres le entregó las llaves de la ciudad”. Después del acto, en que se aclamó vivamente la Independencia, la Republica y al Presidente, todos pasaron “para presenciar un Te Deum..”. Así terminó la dominación colonial española en Santo Domingo y comenzó la ocupación haitiana de la parte oriental de la isla que duró 22 años”.

Esta ocupación, que pretendía anexar el territorio oriental a Haití, produjo inmediatamente un gran malestar y repulsa en los habitantes españoles dado sus irreconciliables diferencias de idioma, cultura, religión y su organización política, pero sobre todo por su concepción diferente del derecho de propiedad de la tierra.

La ocupación generó resistencia, desobediencia civil e incluso algunas conspiraciones que fueron develadas y hechos prisioneros o condenados a muerte sus miembros en un régimen que representaba cada día más el oprobio natural de una dominación extranjera.

En 1838 y después de regresar de estudiar en Europa y convencido por los vientos del Liberalismo que azotaban el viejo continente, Juan Pablo Duarte funda la organización secreta La Trinitaria cuya meta fue la creación de una Patria independiente de toda dominación extranjera.

Ricardo Pattee , historiador haitiano nos dice en su libro “La República Dominicana” en la página 121: “El movimiento que nos interesa muy particularmente es La Trinitaria, fundada por uno de los hombres más eminentes en la historia dominicana y una de las personalidades próceres en la historia de la América española: Juan Pablo Duarte. Por desdicha, la obra de este fundador de la nación no ha merecido fuera del país la atención que merece. Más tarde entraron a formar parte de la empresa patriótica otras figuras, que ocupan un lugar destacado en los anales de la Republica Dominicana: Ramón Matías Mella y Francisco del Rosario Sánchez”.

La Trinitaria creció rápidamente dentro de la juventud y se extendió a las principales ciudades del país producto del trabajo tesonero y también como resultado de una sociedad artística llamada La Filantrópica que por medio de obras de teatro iba llevando el mensaje independentista.

Pattee en la página 122 nos dice: “ Es importante observar que muchos dominicanos, aun los más esclarecidos, colaboraron con el régimen haitiano. Un caso interesante es el de Tomás Bobadilla y Briones, que sirvió al régimen haitiano y redactó en nombre de Haití el alegato en contra las reclamaciones de España sobre Santo Domingo.”

Cuando el Presidente Boyer es derrocado por un movimiento revolucionario haitiano, se presentan coyunturas que precipitan los acontecimientos en la parte oriental de la isla firmemente decidida a terminar con el yugo opresor.

En ese momento existían cuatro movimientos separatistas como nos menciona Frank Moya Pons en su Manual de Historia: Uno pro-español, del cual eran exponentes en Santo Domingo los sacerdotes Gaspar Hernández y Pedro Pamiés, y en Puerto Plata el veterano General Andrés López Villanueva, un segundo movimiento separatista se inclinaba a buscar la protección de Inglaterra a cambio de ventajas comerciales y lo encabezaba un propietario de Las Matas de Farfán de apellido Pimentel, el movimiento independentista encabezado por Juan Pablo Duarte, y un cuarto movimiento compuesto por hombres maduros, la mayor parte de los cuales habían ocupado puestos administrativos dentro del gobierno haitiano anterior y que creían poder alcanzar la eliminación del dominio haitiano con ayuda de Francia, (los afrancesados) a cambio de otorgarle a esta potencia privilegios políticos, arancelarios y territoriales. Sus cabecillas visibles eran un rico propietario de Azua llamado Buenaventura Báez (que luego se convirtió en dictador) y el importante abogado y comerciante Manuel Joaquín Delmonte.

El Gobierno provisional haitiano ordenó que se realizaran elecciones municipales el día 15 de Junio de 1843, elecciones que fueron ganadas en su mayoría por los miembros de la Trinitaria en el sector oriental, victoria que agudizaría la lucha contra la dominación haitiana e hizo que el General Gérard o Herard con sus tropas iniciara la persecución de los trinitarios en todo el país, obligando a Duarte a embarcarse subrepticiamente hacia Saint Thomas para evadir dicha persecución.

El movimiento quedó bajo la dirección de Francisco del Rosario Sánchez y buscando lograr nuevos adeptos lograron “conquistar” para la causa a Tomás Bobadilla, antiguo funcionario del régimen de Boyer que el nuevo gobierno haitiano había dejado fuera. También conquistaron los hateros del este del país, un grupo de personas privilegiadas por la colonia mediante la entrega de grandes cantidades de tierra y sus lideres eran los hermanos Pedro y Ramón Santana.

El 27 de Febrero de 1844 es proclamada la independencia Nacional con el respaldo de la mayoría de la población.

Y como nos dice Frank Moya Pons en su Manual de Historia, página 279: “ Así nació la República Dominicana, gracias a la dedicación y a la actividad de los trinitarios, quienes a última hora tuvieron que aliarse con el antiguo partido boyerista de Santo Domingo, cuyos líderes principales se encontraban en desgracia, entre ellos Tomás Bobadilla y José Joaquín Puello, quienes poseían un enorme prestigio entre la clase alta de la Capital, el primero, y entre las masas de color, el segundo. Y fue precisamente ese prestigio lo que influyó para que el 1 de Marzo de 1844, cuando se organizó la Junta Central Gubernativa en sustitución del Comité Insurreccional, resultara electo presidente de la misma Tomás Bobadilla en lugar de Francisco del Rosario Sánchez, quien hasta entonces había encabezado el movimiento y quien vio desvanecerse así el plan acordado por los trinitarios de mantener el control político del Gobierno a través del ejercicio de la presidencia de la Junta.”

Tiempo después y como era de esperarse, ya vuelto Juan Pablo Duarte al país y haber sido incorporado a la Junta Central Gubernativa, entraron en contradicción irreconciliable los trinitarios y los representantes de los anteriores regímenes que gobernaron y volvían a gobernar el este de la isla, contradicción, que nuestros historiadores señalan en el orden político y militar y que terminaron con la condena de nuestros tres Padres de la Patria por traición a la Patria (¿), la expulsión de Juan Pablo Duarte hacia Venezuela, el encarcelamiento de Ramón Matías Mella y el fusilamiento posterior en el sur del país de Francisco del Rosario Sánchez.

La realidad de tan infame proceder nos la ofrece el Dr. Pedro Troncoso Sánchez en el seminario convocado por la Universidad INTEC y publicado en un libro titulado “Duarte y la Independencia Nacional editado en 1976. El Dr. Troncoso Sánchez es en ese momento Presidente de la Academia de Ciencias y Presidente del Instituto Duartiano y uno de los más conocidos biógrafo del Prócer. Dice el Dr. Troncoso en la página 83 del citado libro: “Bien difícil es descubrir huellas de una influencia directa y explícita de Duarte y su doctrina en el país, después de haber sido expulsado a perpetuidad en Septiembre de 1844, en unión de sus más señalados partidarios. Su recuerdo se fue esfumando como cosa del pasado en la memoria de sus conciudadanos. No quedaron en el país personas, documentos u otros medios de comunicación social que en forma más o menos pública y activa mantuviera vivas sus ideas, o que defendieran, como proveniente del prócer ausente, la posición política por él sustentada”.

Obviamente no solo se persiguió la persona del prócer, se extirpo completamente su visión, su ideología, porque sobre todas las contradicciones políticas y militares que los miembros de la Junta Gubernativa sostuvieron con Duarte, la principal contradicción fue de dos ideologías excluyentes. Triunfó la ideología que caracterizó a nuestros conquistadores, la ideología alérgica a los ideales y al progreso colectivo, triunfo la ideología depredadora y corrupta que subsiste todavía.

Es por esta razón que no se produce el natural cambio de actitudes de aquel que deja una residencia rentada para ocupar su casa propia. Logramos la nacionalidad pero nunca fuimos ciudadanos, continuamos siendo un país ocupado, ahora por nuestro propio ejército y como era la usanza las opiniones de las colonias no eran tomadas en cuenta.

Pero un vector necesita más de un punto que lo direccione y lo defina. Bastaría con unirlo a la experiencia e historia de los conquistadores y sus actitudes para poder definirlo, sin embargo introduciremos brevemente un tercer punto de control: La Independencia Efímera proclamada por el Lic. José Núñez de Cáceres previa a la invasión de Haití.

La Independencia Efímera

Sin el interés de España fuimos anexados nuevamente por la guerra de La Reconquista y el resultado de esa guerra sumió a la posesión española en la más profunda miseria y desorganización, cuando Haití amenazaba con invadir la parte oriental que permanecía siendo esclavista y por tanto un peligro para su República.

Dice Frank Moya Pons en su Manual de Historia Pág. 213 lo siguiente: “En ese entonces ya Sánchez Ramírez había muerto y gobernaban la colonia interinamente el Coronel Manuel Caballero y el Lic. José Núñez de Cáceres, este último con el cargo de Teniente de Gobernador e Intendente Político”. Traemos este pasaje a colación para documentar que Núñez de Cáceres era parte del gobierno colonial y que cuando el 1 de Diciembre de 1821 declara la independencia del Haití Español, como le llamaron, (hoy le hubiéramos denominado un autogolpe) era con la clara intención de colocándose bajo el protectorado de La Gran Colombia, mantenerse en el poder sin cambios radicales en el orden social.

Nos dice el historiador Lic. Franklin Franco en su trabajo titulado “La Sociedad Dominicana de los Tiempos de la Independencia” y recogido por la Universidad INTEC en su libro “ Duarte y La Independencia Nacional” :Pág. 18 y refiriéndose a las motivaciones de la declaración de la Independencia Efímera: “La aristocracia colonial, estrechamente vinculada a la administración burocrática, moldeada en el vilipendio, el privilegio, la holgazanería, racista hasta la médula, se inclinaba fervorosamente por el mantenimiento de la situación imperante. Naturalmente, rechazando de plano cualquier modificación sustantiva que, como en el caso de la Constitución de Cádiz, pudiera afectar sus intereses.”

Como podemos ver, en ambos casos de las independencias, el país continuaba gobernado por sus gobernantes tradicionales su mentalidad e idiosincrasia, hasta llegar a nuestros días donde se repiten las mismas actitudes y estilos.

La ideología de nuestros Conquistadores continúa siendo la ideología dominante y su escala de valores norman las conductas de nuestros pueblos y gobernantes sin importar las siglas y declaraciones de principios que lleven a éstos últimos al poder.

Hasta que no se retome el espíritu de nuestra independencia y con la visión de nuestros próceres completemos nuestros procesos independentistas, hoy festinados y traicionados, no acabaremos con la corrupción y la represión propia de los que no aman sus tierras sino que las usan para el enriquecimiento fácil como única meta de vida.

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