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RECTIFIQUEMOS

lunes, octubre 09, 2006

Moliendo Café

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Escuchaba música mientras caía la noche.

Música de guitarras.

Hoy no sé por qué me dio por escuchar música de guitarra.

Sonó una vieja melodía: Moliendo Café.

Para mi es preciosa, y no solamente por su melodía privilegiada, sino también por la amplia gama de sentimientos que logra transmitir.

“Cuando la tarde languidece y renacen las sombras
y en la quietud de los cafetales...

Me imagino que todos la han escuchado alguna vez.

Para mi esa canción es un algo que logra abrir las puertas del tiempo, es un conjuro que me transporta por segundos de una intensidad tan aguda que parecen horas…muchos minutos, a una noche de mi adolescencia, uno de esos momentos en los que uno se enfrenta con la verdad y con la muerte. Es ahí donde uno se entera si tiene valor, o quizás es el momento donde uno decide tener coraje para el resto de la existencia. Es en esos momentos donde entiendes que nadie se muere ni antes ni después.

Lugar: San Juan de la Maguana, República Dominicana; calle 27 de Febrero esquina 16 de Agosto, la casa de mis abuelos maternos. Una casa de madera que el tiempo casi había petrificado, el techo de dos aguas en cinc pintado de rojo y el resto de la casa estuvo pintado de azul desde que mis recuerdos empiezan.

Epoca: los días posteriores al ajusticiamiento de Trujillo.

La dictadura, ya acéfala, se negaba a morir y coleteaba como un cocodrilo herido de muerte. Los coletazos moribundos de cualquier dictadura son impredecibles, pero certeramente dolorosos y sangrientos, porque tratan de infundirle miedo a quien ya lo ha perdido.

Mi abuelo materno: el Dr. José Arcadio Rodríguez, de una mentalidad libertaria que no lo dejó nunca bajar la guardia durante la tiranía, consuegro del Dr. Viriato Fiallo (varias veces preso por su oposición a la tiranía), presidente de UCN (organización cívica de lucha contra la tiranía) en nuestra ciudad.

Mi padre, Dr. Víctor Ml. Caamaño, sobrino del Tte. General Fausto Caamaño, mano derecha militar del tirano, Secretario del Comité de UCN y por tanto traidor al régimen y a la familia.

Y yo, un adolescente de catorce años casado con la causa de la libertad en mis jóvenes sueños.

Pienso que ya estábamos sobre las doce de la noche y permanecíamos en guardia, nos había avisado que esa noche las turbas trujillistas, mejor conocidas como Paleros por los garrotes que portaban como armas visibles, nos visitarían.

Y el momento llegó.

Mi abuelo, hombre de palabra fluida pero hombre de paz, armado solamente con sus razones; mi padre con una pistola de 7 tiros y un bastón hecho de una madera muy dura llamada Candelón; y yo con catorce años y un machete en las manos.

Comenzaron a apedrear la casa y a golpearla desde todas direcciones. Trataban de abrir con violencia las puertas y por supuesto, a vociferar toda clase de insultos e improperios. Amenazaban con quemar la casa por que ellos sabían que estábamos adentro, y nosotros permanecíamos en silencio tratando de aparentar que no estábamos allí.

En esos momentos y desde un bar que había a una cuadra de distancia se escuchaba la música y esa música fue y ha sido siempre: “Moliendo Café”.

Todas esas remembranzas fluyen a mi mente cuando escucho esa canción.

Por todo eso y muchas cosas más, muchas veces siento indignación al ver a los políticos abanderarse de la Patria cuando ninguno, ni siquiera puede imaginarse lo que es responder por la Patria, defender la Libertad.

2 comentarios:

  1. Estimado Victor,
    Con tus recuentos me transportaste a aquella época de temor y de clandestinidad. En aquellos momentos, dominicanos cuasi-salvajes, trataban la nación y a sus ciudadanos como mujer de cabaret. Viviamos a expensa de los caprichos de quienes se cubrian con el velo de la tiranía para esconder sus limitaciones patrióticas e intelectuales.
    Hoy es diferente. Hoy sejactan y hasta brabuconean la realidad de que nos siguen manoseando como a la mujer del cabaret.
    Han cambiado la forma, pero el fondo sigue como en aquellos tiempos.

    Enhorabuenas.

    Felipe

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  2. Maravilloso articulo. Moliendo Cafe es un clasico que disfruto mucho. Se disfruta moliendolo, tomandolo, oyendolo, cantandolo, bailandolo, en fin, es una de las canciones que canto en mi CD.

    Elsa I. Pardo

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