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RECTIFIQUEMOS

lunes, octubre 08, 2007

Adicciones

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Nuestra civilización está enferma, está siendo desmantelada por las adicciones. La adicción al petróleo, a las drogas y a la acumulación de riquezas nos sitúan en ruta directa a la autodestrucción.

La adicción al petróleo en la sociedad moderna es nefasta, porque no solo está destruyendo el sistema de regulación y conservación de la vida de nuestro planeta, sino que está financiando un movimiento basado en la ignorancia, sin contenido social verdadero y que se está engullendo la mitad de nuestro continente, constituyéndose en un futuro dolor de cabeza para la comunidad internacional y de mucho sufrimiento para los pueblos de América.

El gobierno de Hugo Chávez está siendo alimentado por nosotros, unos para no reducir el crecimiento de sus beneficios ya tan fabulosos, que son prácticamente virtuales y los muchos, manipulados por las modernas técnicas de la publicidad, transitando en vehículos que superan nuestras reales necesidades y sanas posibilidades. El derroche sustituyó la eficiencia y ningún organismo, biológico o social, puede sobrevivir al desangramiento continuo, a funcionar sin crear reservas para sostener su desarrollo y en ese proceso participamos todos al negarnos a ver las consecuencias.

Pero lo que luce como adicción al petróleo desde el punto de vista social, se origina a nivel individual en una manipulación que se ha salido de control, convirtiéndose en terrible adicción: aparentar condiciones fuera de nuestra realidad para lucir “exitosos”. Esta adicción explica las conductas de los que trabajan como bestias, no para ser ricos, sino para aparentarles a quienes no conocen, una bonanza que nadie cree por estar todos representando el mismo papel, por una parte y por la otra, los que quiebran hasta las propias corporaciones para aparentar ser reyes vanidosos y malgastadores.

Sería interesante evaluar si la adicción a las drogas químicas produce más hechos delictivos que la adicción a aparentar riquezas, a lucir exitosos.

El reflejo de esta adicción a nivel de clase media y pobre es el brutal incremento del endeudamiento personal y las consecuentes quiebras personales, el aumento delincuencial a niveles nunca imaginados y, como el cash es lo único que cuenta, el como lo obtengamos no es importante y ahí radica la base filosófica delictiva que se está popularizando cada día más. Se abandonaron las familias al dejar de ser padres para convertirse en proveedores y esa es una de las razones que promueve el comportamiento delincuencial y suicida de los adolescentes, sus maneras de vestir como presidiarios es una señal de alerta, pero como todos mienten nadie le cree a nadie y los llamados a reflexión son, para la mayoría, una intento de aparentar éxito intelectual o lograr preeminencia.

La adicción a las drogas es otra tragedia que desde hace mucho tiempo nos ataca frontalmente, dominando y arruinando moral y físicamente a muchos de los incautos que incursionan en esa otra forma de evasión, acercándolos al mundo de la enajenación y la ilegalidad con todas sus consecuencias.

Sin embargo, a mi juicio, el peor daño que ocasiona la droga es el colocar en los peores elementos de la sociedad el poder que otorga el dinero: poder que hoy sostiene una cruenta guerra en Colombia y se encuentra realizando ejercicios de calentamiento con el gobierno mexicano; ha corrompido las estructuras militares y de gobierno en muchos países y ha creado un estereotipo del éxito que satisface la anterior adicción de aparentar, formado un nudo simbiótico en que una adicción satisface la otra.

En el caso de las drogas, lo que origina el poder que nos amenaza, es el resultado de la guerra contra las drogas planteada bajo una estrategia de prohibición, a espalda del éxito obtenido educativamente contra el tabaquismo y al fracaso demostrado por la Ley Seca del siglo pasado. Muy pocos se aventuran a analizar la actual estrategia basados en los resultados obtenidos, ya que se enfrentarían a todos los que viven del tráfico y la persecución de éste y ambos representan mucho peligro. Las drogas siguen vendiéndose incontroladamente y aumentando sus variedades en oferta, mantenemos una población de prisioneros originados en el tráfico y uso de estupefacientes muy alta, se están fichando delictivamente gran parte de nuestra juventud y lo que es peor, se le está induciendo a ver la legalidad como capricho gubernamental y la ilegalidad como alternativa inocente o normal, los resultados son patéticos.

Hay otra adicción letal, la adicción a la acumulación de riquezas. Este es un punto muy sensitivo ya que las ideologías lograron convertirlo en anatema o bendición y ambas yerran en sus extremismos.

Existe un punto donde la ambición, imprescindible para motorizar el crecimiento que impulsan el desarrollo, se convierte en adicción enfermiza y deshumanizada, tal como el hacer dieta saludable se puede convertir en anorexia fatal. La ambición tiene metas concretas, la avaricia solo tiene como finalidad la multiplicación de los ceros sin ninguna limitación ética o moral, su hambre no termina nunca, el avaro reclama los centavos con la misma voracidad que la fiera protege la comida de sus críos y esto generan mucho más perjuicios que beneficios.

En esta carrera loca por las posiciones primeras de Forbes, se han acumulado recursos mayores que el valor total del planeta, dado los daños casi irreparables en sus sistemas de mantenimiento de la vida, más las situaciones de guerras de exterminio, hambrunas, sequías, terrorismo y extinción acelerada de especies en la cadena natural de la vida. Esta adicción a la riqueza es una modalidad de la adicción de aparentar y calladamente justifica el tráfico de drogas y lavado de dinero, cerrando el círculo mortal.

No puede ser sano que exista tal cantidad de dinero y a la vez tanta hambre y miseria, se está desequilibrando peligrosamente esta nave sideral que llamamos Tierra, donde el terrorismo a demostrado que nadie está protegido de los conflictos ajenos y que el incendio en cualquiera de sus cubiertas afecta el funcionamiento de la nave completa.

Podemos encontrar puntos de coincidencias entre las tres adicciones mencionadas y también sus convergencias estratégicas y resulta sorprendente que en el momento histórico donde los humanos tenemos más conocimientos científicos sobre la realidad, hayamos optado por la fabula y el autoengaño de aparentar lo que no somos.

Todos los adictos se mueven en un mundo de fantasía alejado de la realidad, todos creen ser lo que por naturaleza y evolución no son y disfrutan eufóricos al ejercitar su adicción y a pesar de que todos los signos muestran la negatividad de nuestra conducta, seguimos a toda marcha rumbo al precipicio. (ver To be or not to be) Aceptar la adicción es la mitad del camino a la rehabilitación.

Víctor Ml. Caamaño

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